• en
  • es

Pasando 5 días aprendiendo yoga en un ashram

Porqué no sólo de naturaleza y ciudades a conocer vive el viajero sino más bien de experiencias, decidí acercarme a la ciudad de Rishikesh, la cuna mundial del yoga. Allí he pasado cinco días haciendo una especie de retiro espiritual e introduciéndome un poco en ésta milenaria disciplina.

 

    La vida en el Ashram

La palabra Ashram significa ‘Hacer un esfuerzo hacia la liberación‘ y aunque antiguamente solía tratarse de un monasterio alejado de las grandes ciudades dónde se hospedaba a peregrinos y se les instruía, a día de hoy es simplemente un sitio que hace actividades culturales hindúes cómo el yoga, la música o la misma religión en sí.

El día en el ashram empieza pasadas las 4 de la mañana cuando te despiertas, estando aún todo oscuro, para estar a las 5 en la sala de meditación. Ésta dura un poco más de una hora y consiste en unos 45 minutos de ceremonia (en hindi, claro) y unos 15 minutos al final en que se apagan las luces y se medita en grupo.

A las 6.30 empieza la primera clase de yoga que se extiende hasta las 8 de la mañana, cuando quedas libre para desayunar. A partir de allí te queda la mañana libre para hacer lo que quieras, ya sea estar en tu habitación, en la biblioteca, pasear por las inmediaciones del ashram o salir de él e irte a explorar la región.

Panorámica de Ram Jhula, con el río Ganges enfrente.

 

Ya después de comer, empieza la segunda clase de yoga a las 3 de la tarde que dura hasta las 4 y media, dando el tiempo suficiente para salir de clase con calma y salir del ashram para presenciar la ceremonia que tiene lugar de 5 a 6 de la tarde en el río Ganges.

Para cuando ha acabado la ceremonia ya es totalmente de noche y quedas libre para hacer lo que quieras, aunque a las 9 de la noche cierran las puertas del ashram, así que no te entretengas demasiado si no quieres dormir en la calle!

 

    El yoga

Al empezar la primera clase de yoga el primer día, la profesora al ver tantas caras nuevas, nos preguntó que si ya habíamos practicado alguna vez yoga. Al haber tantos novatos, nos introdujo un poco en el mundillo empezando con un ‘Bien, si creéis que el yoga no es más que sentarse en una esterilla, tenéis mucho por aprender‘. Vaya si tenía razón… Después de la primera clase fui a la biblioteca (ya que internet por allí poco) y empecé a buscar información al respecto.

Clase matinal de yoga.

 

El yoga, que la palabra significa unión, tiene muchísimas variantes y todas ellas buscan lo mismo. Aún desconociéndose cuando se originó la práctica del yoga, se sabe que nació en India por lo menos hace 3.500 años. Casi nada. En el ashram nos enseñaron a hacer Hatha yoga, que es la variante más extendida en el mundo, y que consiste en realizar ciertas posiciones corporales, llamadas asanas, con tal de dejar el cuerpo en el estado óptimo para la meditación.

 

    Explorando los alrededores

Pero no todo iba a ser meditación y yoga en éstos días, también tocaba explorar un poco la zona.

Mi ashram se encontraba en Ram Jhula, a unos 3 kilómetros del centro de Rishikesh, lo cual iba genial porqué te hacía estar muy desconectado del ruido y lío general de toda ciudad india. Ram Jhula queda delimitado por el río Ganges por un lado y por el otro con altas y frondosas montañas, y a cada paso que das, te encuentras un montón de monos saltando, corriendo y jugando.

 
En las montañas encontraremos un templo hindú, y unos kilómetros más lejos la cueva de Baba, una pequeña cueva-templo dónde meditar. A pocos kilómetros más hacia el lado contrario nos encontraremos con Laxman Jhula y varios pequeños templos más.

Ya más lejos, a unos 30 kilómetros, hay unas cascadas que dicen que son muy bonitas pero tan lejos ya no pude llegar al final.

 

    Conclusiones

Para acabar, decir que recomiendo totalmente una estancia así, ya lleves tiempo haciendo yoga o nunca hayas escuchado el término antes.

Hay una cosa clara, después de tan sólo cinco días allí no habrás tenido una epifanía, ni te habrás encontrado de golpe a ti mismo, ni serás un maestro del yoga, pero cómo experiencia lo vale.

Además de que cuando uno lleva tiempo viajando, con lo cansado que uno acaba, no imagino un mejor parón para relajarse y coger energía que hacer algo así. Y encima te acostumbras a levantarte poco antes de que salga el sol, que viajando en invierno siempre va bien para aprovechar mucho más el día!

Si os interesa saber el lugar dónde hice ésta estada de yoga, mirad ésta recomendación.

Leave a Reply