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Cuando los visados te impiden llevar a cabo tus planes

 

Viajando de ésta manera, sin planes y sin fin cercano, uno se da cuenta de que puede hacer lo que quiera cómo quiera y cuando quiera… hasta que topas con los visados.

¿Os imagináis la aventura que puede ser llegar desde Europa hasta India haciendo autostop? Pues ésto es lo que había decidido hacer pero los visados no me dejarán. Os pongo en situación: cómo sabéis los últimos siete meses he estado viajando por Europa del Este, Oriente Medio y Transcaucasia, y ahora me tocaba dirigirme hacia el Sur de Asia. Autostop había hecho ya mucho cuando vivía en Rumanía, en el mismo país y en países vecinos, pero en éstos últimos meses que lo he hecho prácticamente todo todo a dedo, me he dado cuenta de que con tenacidad y un buen tríceps para aguantar el brazo subido, el autostop te llevará a dónde sea que quieras llegar.

Mi novia, que desde que empecé la aventura se ha ido sumando algunas semanas hasta acabar viniendo los últimos tres meses conmigo, decidió sumarse del todo y allí empezamos a maquinarlo todo. Si debíamos ir hacia el Sur de Asia, ¿Porqué no hacerlo en autostop cruzando los países que se encuentran en el medio? Con la idea en la cabeza, cogimos un mapamundi para ver cómo podíamos llegar hasta India desde Europa, y aunque la expresión de “Todos los caminos llevan a Roma” era más cierta que nunca, vimos dos claros caminos: uno cruzando al continente asiático vía Turquía y allí seguir hasta India, y otro mucho más largo cruzando por Rusia para llegar al mismo sitio.
 

    Vía Turquía

Buscamos en internet y, evidentemente, no éramos los únicos que habíamos tenido tal idea y de hecho alguno la había llevado ya a cabo. Vi que todos ellos hablaban de hacerlo por el camino más corto, y éste era cruzar toda la península balcánica hasta llegar a Turquía, recorrerla y pasar a Irán, Pakistán para finalmente llegar a la India.

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Lo cierto es que ésta ruta, aún tener el gran aliciente de visitar los para nosotros desconocidos Irán y Pakistán, no nos fascinaba demasiado porqué al fin y al cabo todos los otros países por los que debíamos pasar y alrededores, no sólo ya habíamos estado allí sino que también los hemos hecho todos a dedo pasando mucho tiempo en cada uno de ellos, y para ésta aventura queríamos notar realmente la diferencia entre lo que íbamos a ver por el camino y lo que ya habíamos visto en otros países.
 

    Escogiendo la ruta más larga

Tomando en consideración lo dicho y viendo que la ruta que cruzaba por el norte nos daría la oportunidad de visitar una decena de países nuevos y diferentes antes de llegar a la India, decidimos escoger ésta.
La ruta quedaba así entonces: Empezaríamos en Rumanía (país dónde mi novia y yo nos conocimos) y subiríamos por Ucrania y Polonia hacia los países bálticos, dónde pasaríamos a la Federación Rusa. Después de cruzar buena parte de éste largo país, llegaríamos a Kazajistán, bajaríamos a Kirguistán, Tayikistán, Uzbekistán, Turkmenistán, para empalmar con Irán y Pakistán, y acabar finalmente en India.

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Todo ésto nos tomaría varios meses porqué evidentemente no pasaríamos de largo por éstos países, sino la idea era visitarlos en profundidad.
 

    Enamorándome del plan

Para empezar, Rusia me atraía mucho por el reto de tener que apañármelas en su idioma. Por lo general siempre me entiendo mucho en inglés con todo el mundo, pero por ejemplo en Transnistria o Armenia ya me di cuenta de que debía aprender un poco de ruso o según dónde estaría totalmente vendido. El hecho también de tener un alfabeto diferente al latino, le daba más dificultad al asunto y por ende más atraído me sentía.

Los países cómo Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán, Uzbekistán y Turkmenistán, aunque no sean destinos demasiado habituales, me parecía muy interesante visitarlos desde que estuve en Turquía y me enamoré de ella. Allí descubrí que los turcos eran nómadas que vinieron de Asia Central, es decir de todos éstos países, por lo que su manera de ser y sus propias lenguas de hoy en día se parecen mucho. Si me sentí cómo en casa estando más de dos meses en Turquía, no podía esperar a ver éstos nuevos lugares y conocer a los locales de todos éstos otros países.

Para acabar, Irán y su antigua cultura persa es un país que me llama desde hace tiempo y más especialmente durante éstos últimos meses, dónde estando yo por el Cáucaso no paraba de encontrarme viajeros que venían de allí, y sólo tenían buenas palabras para Irán y su gente. Y con Pakistán conocí a una chica de Karachi que me dijo que el sur de Pakistán era muy seguro pero que si quería llegar hasta India debería ir con cuidado qué zonas controladas por los talibanes cruzaba. Empecé a indagar sobre el tema aunque no duró demasiado, pues no mucho más tarde me encontré con algo que ya empezó a pararlo todo… Los visados.
 

    La burocracia entra en escena

Me encontraba hace dos meses entre Asia y Europa, en Estambul, cuando empecé a mandar e-mails a embajadas y a informarme de qué visados gratuitos tenía, de cuales podía hacer en la frontera al cruzarla y de si había alguno que debía hacer desde casa, a la par de informarme de las vacunas que debería ponerme siendo que iba a poner rumbo al sur de Asia.

Aún me quedaban varias semanas que quería pasar de nuevo perdido por Europa del Este, hasta empezar en Rumanía el largo viaje hacia India con mi novia. No planeaba pasar por casa a no ser que fuera estrictamente necesario, y si así fuera pensaba hacerlo rápido, pasando unos días y volviendo rápido al tema. Sin embargo, aquí me encuentro escribiendo éste post desde Barcelona, dónde llegué ya hace 4 semanas.

El caso es que de todos los países que he dicho, con mi pasaporte español, sólo tengo visado gratuito en Kirguistán. En Kazajistán tengo la opción de coger un visado gratuito de tránsito, con el que puedo estar en el país hasta 15 días, pero siendo que Kazajistán casi es tan grande cómo la superfície total de la Unión Europea poco podría ver en esos días. Del resto de países ninguno me dejaba formalizarla y pagarla en la misma frontera, y mientras que unos pocos me daban la oportunidad de hacerla en la embajada de algún país vecino, muchos de ellos me obligaban (o «recomendaban»…) hacer los visados desde Barcelona.

Una vez aquí empecé a mover hilos según llegué pero vi que esto sería de todo menos rápido. Algunos me pedían que formalizará los papeles en Barcelona, mientras que otros me mandaban ir en persona a Madrid. El caso de mi novia fue peor, que siendo de Bologna, algunas embajadas la mandaban a Milano y otros a Roma. Algunos países cómo Turkmenistán, me pedían una carta de invitación de algún local o alguna agencia de viajes de allí, otras embajadas me pedían los vuelos de entrada/salida que iba a coger, etc de manera que los 15 días reglamentarios que me pedían en cada embajada para formalizarlo iban a ser muchos más.

Era el momento de repensar la operación. No porqué sea imposible hacerlo, que de bien seguro que no lo es, sino porqué no quiero perder tanto tiempo haciendo los preparativos. Siendo que en cada embajada hay que dejar obviamente el pasaporte, y que ya me decían que tardarían más de los previsto, contaba que en el mejor de los casos debería pasar por aquí 3 o 4 meses haciendo esto, mientras mi novia hacia lo propio en Italia. Habiendo dejado a principios de año el trabajo, el apartamento y en general toda mi vida atrás para hacer éste largo viaje, encuentro una pérdida de tiempo estar éstos meses en Barcelona en casa de mis padres preparando los visados. Otra vez será.
 

    Nuevo plan

Aún con la decepción que sigo teniendo ahora mismo, anuncio que acabo de coger un avión directamente hacia India para dentro de unas pocas semanas, y lo cierto es que una vez allí no sé exactamente cuál será el plan. Pues sólo tenía planeados los próximos meses de ir con calma de país en país hacia India, con la idea de una vez allí continuar haciendo el sur de Asia hacia el Este. ¿Haré uno a uno todos los países del sur de Asia? ¿Me enamoraré de alguno de éstos y no querré irme? ¿Continuaré yendo hacia el este hasta dar la vuelta al mundo para volver a Barcelona? No tengo ni idea, lo único que sé ahora mismo es que ya tengo el visado para la India y que el día 16 de Noviembre todo vuelve a empezar. Me quedan exactamente 40 días.

Que Asia se prepare, que después de pasar éstas semanas aquí, sin viajar y liado con los visados y vacunas, cogeré éste continente con más fuerza e ilusión que nunca.

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