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El encanto de las ciudades centroeuropeas en Ucrania: Lviv

Cómo sabéis éstas dos últimas semanas esperando para ir a India, decidí volver a Rumanía a despedirme definitivamente de mis antiguos colegas y de paso visitar un poco el ultimo país de Europa del Este que me quedaba: Ucrania.

El balance no puede ser más positivo, pues pasé un par de días increíbles en mi ya segundo país, Rumanía. Por otra parte me encantó el nuevo país que visité y tuve la oportunidad y sorpresa de conocer Lviv, que ha entrado ya en mi lista de ciudades favoritas de Europa del Este. Ésta ciudad, que se encuentra a unos 50 kilómetros de la frontera con Polonia, tiene mucho más parecido a ciudades cómo Cracovia, Praga u otras de Europa Central, que con otras de la misma Ucrania, y tiene una simple razón: Pertenece a Ucrania sólo desde finales de la segunda Guerra Mundial.
 

    Unas pinceladas de historia

Al poner un pie en la misma ciudad uno se da rápidamente cuenta de que no es una ciudad ex-soviética más, y mirando un poco la historia uno logra entender el porqué, y es que en los últimos siglos ha cambiado varias veces de manos.

Empezó siendo creada por el rey Daniel de Galitzia bajo el nombre de Lev, y poco después pasó a manos del Reino de Polonia y así continuo durante varios siglos hasta que fue tomada por el Imperio Austrohúngaro. Finalmente así permaneció hasta la segunda Guerra Mundial, cuando después de forcejeos y asaltos a la ciudad por parte de la Alemania nazi y la Unión Soviética, quedó en manos de ésta última que la cedió a la República Socialista Soviética de Ucrania, que pasadas las décadas acabó siendo Ucrania.

Sabiendo ésto uno entiende el porqué ésta ciudad y sus edificios desprenden ese aroma de Europa Central tan auténtico, aún encontrándose en un país ex-soviético.
 

    El casco antiguo

El casco antiguo de ésta ciudad es uno de las primeros sitios que impresiona al estar tan lleno de colores y vida. Declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO en 1998, tiene en el medio la conocida plaza Rynok y a sus alrededores todas las calles llenas de edificios históricos y originales, pues no fueron destruidos durante ninguna de las dos Guerras Mundiales.


Dando vueltas por el centro, aunque lleves días haciéndolo, siempre encontrarás algo nuevo. Lviv tiene corazón y alma, y eso se puede ver por cualquier rincón del casco antiguo, lleno de cafeterías y gente haciendo vida en la calle, y eso que al caer la noche en octubre apenas se alcanzan los 5 grados.
 

    Shevchenkivs’kyi Hai

A poco más de 3 kilómetros del centro, está el Museo Nacional de Arquitectura y Vida Rural. Éste, que se encuentra en el parque natural de Shevchenkivs’kyi Hai, es un museo al aire libre que muestra la vida de las aldeas de las regiones del oeste de Ucrania durante los últimos siglos.

Con muestras reales de casas e iglesias de madera a tamaño natural, canalizaciones de agua, artículos para el hogar y demás utensilios para el día a día, habiendo también animales en libertad y exhibiciones del modo de vida que se llevaba, todo ésto nos permitirá experimentar en nuestra propia piel la vida rural, y el evidente cambio a la ciudad y sus comodidades de hoy en día.
 

    El cementerio Lychakiv

Cerca del museo del que acabamos de hablar, se encuentra ésta necropolis. Si bien es cierto que me gusta más bien poco pasear por cementerios, en éste para cuando me dí cuenta ya llevaba varias horas.

Lychakiv es uno de los cementerios más antiguos de Europa, y debido a las tantas personalidades de Europa del Este que están allí enterradas, a menudo se le compara con el cementerio de Père Lachaise de París. Entre lo grande que es y lo lleno que está de monumentos que son auténticas obras de arte, fácilmente te perderás dando vueltas en éste lugar que debido a las callejuelas elegantemente ajardinadas que la cruzan, acaba pareciendo más bien un parque.
 
 
Para acabar, decir que es una auténtica delicia a descubrir en el este de Europa, y definitivamente una ciudad dónde perderse, pues incluso saliendo del centro nos encontraremos con edificios preciosos, cómo la Opera y la catedral de San Jorge. Y debido al poco nombre que todavía tiene y no encontrarte apenas turistas, podrás salir a la calle y mezclarte con el pueblo, respirando el espiritu de Lviv cómo uno más de sus habitantes… Y eso no se paga con dinero.

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