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Pasando nuestra primera noche en un templo

Habíamos leído en muchos blogs cómo muchos mochileros habían pasado noches en el sudeste asiático acampando en templos, y después de un mes en Tailandia aún no lo habíamos hecho. Ya fuera porqué no encontrábamos ninguno, o porqué al preguntar a la gente dónde había un templo nos acabara llevando a su casa a dormir, nunca pudimos hacerlo.

Al cruzar a Laos fuimos directos a Vientián, y ya que era la primera noche en el nuevo país y que llegábamos a la capital, decidimos coger un hostel, pero estando a las puertas del año nuevo Lao nos encontramos con un problema que nos dejó sin cama. Al salir del hostal nos encontramos enfrente con un gran templo, que aún siendo ya las 10 de la noche, tenía una puertecita abierta. Era una señal: Había llegado el día de pasar la noche en un templo.

Entramos y después de dar un par de vueltas por el recinto, nos encontramos con un monje con el que intentamos hablar sin resultado ninguno, no hablaba ni una pizca de inglés. Por suerte, los signos se entienden en todo el mundo así que bastó con hacer el símbolo de dormir, de la tienda de campaña y señalar al césped para que nos entendiera. Exclamó el ‘ooooh’ tan típico de Tailandia y Laos cada vez que te entienden, y nos hizo un signo para que esperáramos. Se fue y volvió con otro monje que hablaba un perfecto inglés. Por lo visto no hacía falta preguntarle a ningún superior, porqué el hombre con el que habíamos intercambiado signos era el monje jefe.

Nos dijeron que podíamos dormir pero sólo una noche y que debido a que en los últimos meses habían intentado robar más de una vez, que fueramos con cuidado con nuestras pertenencias y que le dejáramos el pasaporte al monje jefe durante la noche y que nos lo devolvería por la mañana al irnos.

Aceptamos y mientras buscábamos un buen sitio para acampar no paraban de repetir lo de los robos con cara de preocupados hasta que nos dijeron que esperásemos otro momento, y volvieron con la llave de una de las habitaciones. Por lo visto, el monje que vivía allí estaba pasando unos días fuera y nos hicieron el favor de dejarnos dormir allí esa noche.

La habitación era una de tantas en uno de los corredores dónde viven los monjes. Dentro no podía ser más simple: contaba con una especie de cama, unos cuántos libros, una ventanita, una kettle, un ventilador y un simple cuarto de baño.

Aún estando en plena capital, el silencio era absoluto, así que buscando no estorbar, pusimos a cargar móviles y demás y nos acostamos. Al día siguiente nos despertamos bien temprano, cómo habíamos acordado, tomamos una fresca ducha y dejamos la habitación. Aunque acababa de salir el sol, todos los monjes jóvenes ya estaban trabajando ya fuera regando las plantas, barriendo o limpiando. Nos dijeron que debido a que el año nuevo Lao, Pi Mai cómo lo llaman ellos, estaba a la vuelta de la esquina, el monje superior se había tenido que ir, pero que les había dado nuestro pasaporte para que nos lo dieran al irnos. Pero aprovechando que el jefe no estaba, no sólo nos trajeron los pasaportes sino que trajeron también café y galletas y se sentaron todos a nuestro alrededor.

Aunque le pusieron bastante empeño, pudimos ver lo que hemos seguido viendo en éstos días en Laos, aquí nadie habla inglés, pero por lo menos la sonrisa no la pierden y lo intentan. Después de ese desayuno y de unas clases rápidas de inglés por nuestra parte y de Lao por la suya, tocó despedirse. Ellos debían dejar el templo perfecto para el inicio del Pi Mai y nosotros teníamos que empezar a explorar Vientián.

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