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Cómo intentaron timarme a lo grande en mis primeras 24 horas en Delhi

El lunes por la noche me encontraba con mi novia en el aeropuerto de Barcelona contando los minutos para embarcarme en la segunda parte de mi gran viaje: el sur de Asia.

Pero no iba a ser rápido el viaje ni fácil la llegada. Os pongo en situación, teníamos un vuelo nocturno de Barcelona a Moscú que nos dejaba de madrugada en la capital de Rusia y nos teníamos que quedar en el aeropuerto haciendo poco más que esperar hasta bien entrada la tarde, que cogeríamos otro vuelo que nos llevaría a Delhi. Una vez allí no sabríamos ni los días que estaríamos en la ciudad, ni dónde iríamos después y ni siquiera dónde dormiríamos esa misma primera noche, siguiendo siempre nuestra idea de que improvisando sale todo mucho mejor.

Llegamos a las 4 de la mañana hora local (11 y media de la noche en Barcelona) con un evidente jetlag y un gran cansancio acumulado de no dormir apenas las dos noches anteriores en los aviones y sólo haber podido descansar pocas horas sueltas en incómodas sillas del aeropuerto de Moscú. Recogimos las maletas y preguntamos la manera más barata de llegar del aeropuerto a la estación de tren principal, dónde habíamos visto unos hostales que estaban a muy buen precio. Nos dijeron que era el metro, que costaba sólo 60 rupias por persona (menos de un euro) y que empezaba a las 5 y media de la mañana. Después de ésto, fuimos a cambiar dinero pero al estar aún en el mismo aeropuerto, la tasa de cambio era malísima y nos obligaban a cambiar billetes grandes, es decir, un mínimo de 50 o 100€.

Cómo no queríamos comernos tal tasa de cambio para tantos euros, decidimos ir a mirar si podíamos cambiar a la salida del aeropuerto o si por casualidad se podía pagar el metro con tarjeta de crédito. Salimos del aeropuerto y de golpe un puñado de taxistas se nos echaron encima cuál león al ver una nueva presa. Nosotros seguimos a paso firme andando hacia el metro y uno de ellos nos empezó a seguir vendiéndonos la moto. Comenzó diciendo que nos llevaría hasta allí en un momento por 300 rupias y nosotros le dijimos que no, que el tren salía mucho más barato. El chico, al ver que no dábamos nuestro brazo a torcer, empezó a bajar y bajar el precio hasta llegar a las 100 rupias, y le dijimos que el tema ya no era sólo el precio sino que no habíamos cambiado dinero. Llegamos a la entrada del metro, y cómo era de esperar no se podía pagar con tarjeta. Cómo el tío insistía e insistía al final le dije en broma que si no aceptaba cobrar una moneda de 2€ que yo llevaba en el bolsillo en ése momento, que se fuera, a lo que él aceptó, y nosotros incrédulos, subimos al taxi.

Mientras conducía nos iba preguntando que qué hacíamos por India, cuánto tiempo pensábamos estar aquí, etc. De golpe tuvimos que pegar un frenazo porque una decena de monos estaban cruzando por la carretera a lo loco. Al mirar por las ventanas por los lados pudimos ver también ardillas y cerdos vagando a sus anchas y un tráfico que cada vez se ponía peor. Aunque aún no hubiera ninguna vaca correteando libre por allí, era ya la imagen que todos tenemos un poco de India.

Primera y única vaca vista en todo el primer día!


 
A poco de llegar, nos encontramos con una calle cortada con unas vallas policiales y a un supuesto agente. Empezaron a hablar en hindi entre ellos y al acabar el agente se dirigió a mi diciéndome que el barrio estaba cerrado por un festival y que el taxista nos llevaría a una oficina turística del centro dónde nos echarían un cable para encontrar dónde dormir esa noche.

Lo vimos un poco raro pero para allí que fuimos, total, era gratis. Llegamos a una oficina de las calles del centro, cerca de Connaught Place, nos metimos para adentro y empezamos a hablar con el responsable. Nos dijo que justo éstos días había un festival en el barrio, el más barato de Delhi, y que estaba todo cerrado. Yo le dije que lo veía raro, pues unos días atrás había buscado algunos sitios por internet y había disponibilidad en todos ellos para esas fechas. Me dijo que cogiera su teléfono y llamara a tantos sitios cómo quisiera, y así lo hice. Todas y cada una de las respuestas fueron negativas. Y aún por encima, al preguntarles por sitios baratos que conocieran todos me decían que estaba todo cerrado y que sólo nos quedaba irnos a la otra parte de la ciudad en la que había hoteles de 4 y 5 estrellas.

Si ya en general todo me olía a gran mentira lo de que me mandaran todos a los hoteles más caros de la ciudad ya me era demasiado, así que decidí llamar al siguiente de la lista y después de que me contara la misma historia, le pregunté que dónde estaba él físicamente. Me contestó que en la recepción del hostal en cuestión y al preguntarle que qué hacia allí si el local estaba cerrado, titubeó un poco y me dijo que para atender al teléfono a clientes insatisfechos. Entonces le dije que no se preocupara más, que ahora mismo me iba para allí y así podríamos hablarlo cara a cara, a lo que él, nervioso, me contestó que no que ahora mismo se tenía que ir. Aquí le solté la frase que ya no pudo contestar: Oye, pero en que quedamos? Puedes entrar y salir a tu antojo del hostal o no?
Silencio incómodo al otro lado del teléfono. Cuelgo y le digo a los otros que gracias por la ayuda pero que me voy a dar vueltas por el barrio y a picar a la puerta de todos los hostales que vea, y mientras que ellos nos dicen que es imposible y que no conseguiremos nada, nos vamos.

Estando ya fuera, el que nos había llevado en el coche nos empieza a comer la cabeza para que vayamos a otro sitio y coge una de las mochilas y empieza a caminar hasta meterse en otra especie de oficina de turismo. De nuevo, el sitio muy profesional, lleno de información y mapas del país por todos lados. Le digo que no pierda el tiempo y aparece un hombre preguntando que con que nos podría ayudar. Le digo que gracias pero que en nada, que nos vamos a buscar la vida solos, y él nos empieza a pegar el mismo rollo de que está todo cerrado, y nos dice que es una tontería coger un hotel que pueda costar tan caro ya que en otros sitios como Jaipur los precios seguirán siendo bajísimos. Yo diciéndole que no se preocupara que ya nos apañaríamos solos, y él erre que erre con lo suyo, hasta que me dice que qué manera de perder el tiempo lo de irme al centro y que por sólo 250 me llamaría un taxi que me llevaría a Jaipur a continuar con el viaje. Ya por curiosidad, le pregunté que 250 qué, y cuándo su respuesta fueron euros no pude más que reírme y decirle que ya la ‘broma’ había ido demasiado lejos. Nuevamente cogimos las cosas y salimos de la oficina mientras ellos no hacían más que decirnos que no encontraríamos nada.

Al salir aún quiso venir el taxista a hablarnos más y le dije que se fuera, que ya eran las 8 y pico de la mañana y que suficiente rato habíamos perdido con él y sus amiguitos. Se fue, y mientras mirábamos el mapa, vinieron un par de hombres que antes habíamos visto con él. Nos dijeron que, cómo era ya más que evidente, todo era falso y que no estábamos dónde nos decían sino en Gole Market, un barrio a unos dos kilómetros de Connaught Place, dónde tenían varias oficinas de turismo piratas y engañaban a los extranjeros que se encontraban. Entonces nos propusieron llevarnos con taxi al centro y les dijimos que nada, que si antes no habían abierto la boca, que ahora no vinieran de amigos. Estando solos en la calle, les dijimos que al menos nos dijeran en qué dirección estaba el verdadero centro, empezamos a andar por dónde nos habían dicho y uno de ellos nos iba siguiendo con una bici, hasta que minutos después por fin el GPS del móvil nos geolocalizó y resultó que nos estaba mandando en dirección contraria.

Hartos ya de tanta tontería, les dijimos que, por enésima vez, que desaparecieran y empezamos a andar en dirección al centro.

Al llegar a la zona de Main Bazaar, no hace falta ni decir que todo estaba abierto. Cómo habíamos visto por internet estaba lleno de hoteles, hostales y guesthouses por todos lados, y en todos ellos había sitio para dormir esa noche y las que hicieran falta. Al final, después de ver unas cuántas habitaciones y poder comparar, hemos cogido una habitación con aire acondicionado, baño propio y cama de matrimonio por 4€ por cabeza cada noche. Habían algunas parecidas por precios bastante más bajos, pero digamos que el concepto de limpieza no lo tenían muy por la mano.

Finalmente, dormimos un par de horas, ya que era aún muy temprano cuando llegamos y después nos fuimos a dar vueltas y a perdernos por las callejuelas de éste barrio del centro de Nueva Delhi, dónde ya pudimos apreciar una máxima india muy típica, aquí no se respeta el código de circulación sino la ley del que pita el claxon más fuerte.

Nuestra cara al despertar de esa tan necesitada siesta mañanera!

 
Main Bazaar y sus alrededores estaban totalmente llenos de gente, y cómo si de una mezcla entre mercadillo de barrio y degustación culinaria se tratase, se intercalaban puestos callejeros y tiendas con ropa y comida. Para acabar el día decidimos probar el arroz picante y de camino a la guesthouse pudimos irnos a dormir tranquilos al ver a la primera vaca del día campando a sus anchas. Por cierto, aún me pica la lengua. E intuyo que así seguirá durante meses.

Nuestra introducción a la comida india.

 
Al final del día nos quedamos con la reflexión de que todo había salido cómo queríamos, pues habíamos ido del aeropuerto al centro sin haber cambiado dinero con esa tasa de cambio, pagamos con una moneda de 2€ que en cualquier otro caso la hubiéramos arrastrado el resto del viaje porqué nos era más bien inservible y dormimos en un sitio barato en el centro escogido a última hora. Por otro lado, tuvimos la oportunidad de ver una obra de teatro en vivo, pues algunos de los allí presentes se marcaron unos papelazos que ni en Bollywood, aunque evidentemente nunca nos creímos nada.

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