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Transnistria, ese pequeño país que sigue anclado en la antigua URSS

Con la Unión Soviética haciendo ya aguas y a punto de crearse la República de Moldavia, empezaron a surgir problemas entre el gobierno moldavo y el gobierno de la región separatista de Transnistria, que acabó con una declaración unilateral de independencia en 1990 y una guerra entre ambos que se prolongó hasta 1992. Desde entonces, y aunque no esté reconocido por la comunidad internacional, éste territorio es independiente de facto. He estado en éste pequeño país y esto es lo que he visto.
 

    Delimitando sus fronteras

Transnistria, también conocida en ruso cómo Pridnestrovia o RMP (República Moldava Pridnestroviana), es una pequeña república auto-proclamada de Europa del Este que se encuentra entre Moldavia e Ucrania.

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Su nombre deriva precisamente de dónde se encuentra geográficamente, pues significa más allá del río Dniéster ya que el territorio reclamado está entre el río y la frontera Moldava-Ucraniana. Aún así, la frontera real a día de hoy entre Moldavia y Transnistria no es estrictamente el río Dniéster, pues el gobierno separatista controla también la importante ciudad de Bender y parte de las regiones de las regiones de Causeni y Aneni, ambas a la orilla izquierda del río.
 

    Situación política y conflicto lingüístico

Con una población de poco más de medio millón de habitantes, éste país tiene básicamente tres grandes grupos étnicos: moldavos, ucranianos y rusos, y cada uno de ellos representa aproximadamente un tercio de la población.
Lo cierto es que si llegaras allí sin saber dónde estás, fácilmente podrías creer que estás en Rusia, ya que todos los nombres de las calles, señales de tráfico y cualquier explicación en un museo está siempre escrito en ruso, ya que es la lengua vehicular del país y la más utilizada.

El problema lingüístico aparece porqué una parte de la sociedad es bilingue (hablan ruso y moldavo) para que la otra pueda ser monolingüe (ruso) y el conflicto llega a otro nivel cuando se trata de la educación que reciben sus hijos, dónde la gran mayoría de colegios enseñan únicamente en ruso, algunos pocos en moldavo con alfabeto cirílico, y ya casi ni quedan escuelas que enseñen moldavo con alfabeto latino, ya que el gobierno las ha ido cerrando poco a poco.
 

    Independencia de facto no, lo siguiente

He estado en varios territorios auto-proclamados independientes pero sin duda Transnistria es el que más se parece a un país normal y corriente. Mientras en el post de Karabakh decíamos que sus habitantes gozan de constitución, parlamento, policía y ejército propio, en Transnistria no sólo tienen eso sino que además gozan también de moneda y matriculación de coches propia. Cómo en otros territorios en circunstancias similares, tienen un pasaporte propio emitido por su gobierno, pero siendo que ningún país lo reconoce, todos utilizan el pasaporte moldavo o ruso para salir del país.

Cartel en Tiraspol con los cambios de divisa para la moneda del país: el Rublo Transnistrio.

 A nivel diplomático, en los últimos años se ha intentando dar un lavado de cara internacional al conflicto, ya que sigue siendo reconocido únicamente por Abkhazia, Osetia del sur y Karabakh, todos ellos territorios postsoviéticos en situaciones parecidas. En septiembre de 2006, con la intención de avanzar en éste aspecto, se celebró un doble referéndum: el primero para ratificar la independencia de Moldavia y el segundo para una futura integración en la Federación Rusa. La respuesta fue clara: ganó con amplísima mayoría la independencia de Moldavia y la anexión a Rusia. Internacionalmente no se le dio ningún tipo de validez al considerar que faltaban garantías democráticas.
 

    Relaciones con sus vecinos

La relación con Moldavia es realmente mejor de lo que uno podría esperar después de tantos años de conflictos. En lo que vendría a ser la frontera, se encuentran por una parte la policía moldava y por otra el ejército transnistrio, pero hace ya varios años que no se abre fuego entre ellos. Habitantes de un lado y de otro, pueden viajar sin problema y sin tener que justificar la razón hacia el otro lado, cómo si no hubiera ninguna frontera. El gobierno moldavo, quizás dándoles por perdidos ya, en los últimos años se ha abierto un poco más a Transnistria, dejando por ejemplo que coches con matricula propia de Transnistria circulen por dónde quieran de Moldavia.

Por la parte que le concierne a Ucrania, son tan amigos cómo enemigos dependiendo del color político que gobierne en ésta. Si el gobierno ucranio es más pro-ruso, estará más a su lado (aún salvando siempre distancias para no tener problemas con Moldavia) y si es más pro-UE, lo estará menos. Desde el último año, con la anexión de Crimea a la federación rusa, el ambiente se ha vuelto bastante más hostil entre ellos al considerar Ucrania que Rusia podría querer expandirse desde Crimea pasando por Odesa hasta llegar a Transnistria.
Aún con todo esto, a Transnistria le interesa tener buena relación con Ucraina porqué ha sido, es y parece que continuará siendo su puerta de apertura al mundo.
 

    Estrechos lazos con la URSS y Rusia

Habiendo dicho ya que hace poco menos de 10 años se votó masivamente por la integración con Rusia, no hace falta decir que éste ha sido siempre su mejor aliado, empezando por la guerra de independencia contra Moldavia que se ganó gracias a la ayuda de las tropas de la URSS.
Desde marzo de 2014, con el precedente que sentó la anexión de Crimea se han intensificado las ganas de éste pueblo de formar parte ellos también de la Federación Rusa. Por su parte, Rusia responde diplomaticamente sin reconocer aún la secesión y sin pronunciarse abiertamente sobre la posibilidad de integrar Transnistria a su territorio, pero mostrando complicidad abriendo una embajada en Tiraspol, la capital, dónde ningún otro país lo ha hecho antes.


Uno de los principales edificios administrativos en Tiraspol , presidido por una estatua de Lenin.

 Para acabar decir que caminando por cualquier rincón de éste estrecho país se puede oler la nostalgia que sienten por la URSS. Nombres de calles y estatuas de Lenin en cada pueblo, la hoz y el martillo que no sólo están en la misma bandera de Transnistria sino por todos sitios, tanques de hace décadas expuestos en plena calle a lo largo del país, carteles loando al comunismo y la lucha obrera, altavoces por la capital para que todo el mundo pueda escuchar el himno de la Unión Soviética a una hora determinada del día, y un largo etcétera de pequeños detalles. Te puede gustar más o menos el país o te puede gustar más o menos la URSS y lo que significó, pero vivir todo ésto en pleno 2015, es simplemente mágico.
 

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