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Neglicencias portuarias, o cómo podría haber entrado kilos de lo que hubiera querido en España

Viajando uno se llena siempre de experiencias inolvidables, algunas por apasionantes, otras lamentables, u otras, cómo ésta, inverosímiles.

Hace un par de meses, me encontraba en Marruecos con mi mochila y con mi novia, recorriendo el país de sud a norte. Nos habían comentado lo barato que era cruzar el estrecho de Gibraltar con ferry, así que buscamos y encontramos uno de madrugada que iba de Tanger MED a Algeciras por 20€.

Tanger MED no es el puerto principal de la ciudad sino uno secundario a 50 kilometros de ésta, así que imaginamos que se trataría de un puerto más bien comercial, bastante dejado de la mano de Dios y sin pasajeros casi. Pues bien, acertamos en todo.

Llegamos sobre las 12 de la noche y estabamos prácticamente solos, a excepción de un par de chicos vendiendo billetes en ventanilla. Validamos el billete que habíamos reservado por internet y fuimos a pasar el control.

Aquí empieza la diversión. Despues de que nos miraran el pasaporte, pasamos a la sala del control, dónde había un hombre medio dormido, una cinta dónde poner la mochila y el típico arco que detecta metales. Pues bien, pusimos las mochilas en la cinta y nos dispusimos a pasar por el arco. El hombre ni miró la pantalla con el escaner de nuestras mochilas y nos hizo señas para que pasaramos el arco. Justo al pasarlo, me dí cuenta de que no me había sacado la riñonera (por lo que encima llevaba el móvil, cámara, cartera, monedas, etc) por lo que le dije que se me había olvidado, que volvería a pasar y pondría la riñonera en la cinta. El hombre me dijo que no hacía falta y que tirara para adelante. Así lo hice y unos metros más adelante me dio por pensar lo siguiente: había pasado el control de metales cargado de metales hasta los dientes y eso no había pitado. Vamos, que la máquina ni siquiera estaba conectada…

Mi novia y yo comentamos la jugada en plan «madre mía, menudo país de pandereta está hecho Marruecos, etc» sin saber que lo peor estaba aún por llegar.

Seguimos para adelante y nos montamos al bus que nos llevaría al ferry en cuestión. El bus, evidentemente, iba totalmente vacío. Al llegar al ferry conocimos al único pasajero que tenemos constancia que viajó esa noche con nosotros, un chico marroquí de unos 30 y pocos años. Subimos pues al ferry e hicimos lo que hacía rato que deseábamos: Echarnos a dormir en el primer sofá que viéramos.

Al cabo de unas tres horas una chica de tripulación nos despertó diciéndonos que ya habíamos llegado. El trayecto era de hora y media y había durado casi el doble, aunque de eso poco me quejaré, pues pudimos dormir un poco más de lo esperado.

Salimos del ferry y nos encontramos básicamente con un puerto fantasma. No había ni dios por ningún lado. Estaba todo supersucio y cómo a medio construir. En cualquier caso seguimos para adelante, buscando la salida y no había manera, había mil andenes y ninguna señalización. Acabamos probando por uno y por otro, hasta llegar a un control policial. Éste, para variar, estaba también totalmente vacío e incluso había una cinta policial que no dejaba cruzarlo.

Ante tanto desconcierto, decidimos volver al mismo ferry y preguntar directamente al primer trabajador que viéramos por dónde era la salida. Así lo hicimos y el chico nos daba indicaciones para llegar al mismo control policial dónde habíamos estado nosotros. Le dijimos que era imposible, que acabábamos de venir de allí y no había nadie, y nos respondió que era normal, que a esa hora muchas veces lo agentes estaban dentro echándose una siesta, y que teníamos que ir e esperar que nos viera alguien por las cámaras para que salieran. Increíble.

En fin, volvimos al control policial, que seguía desierto, dejamos las mochilas y nos sentamos. Pasaron cinco minutos, y diez, y hasta quince, y allí no aparecía nadie. Empezamos a chillar «Hola», seguido de «Hay alguien ahí?», obteniendo siempre la misma única respuesta: nuestro propio eco. Empezamos a saltar delante de las cámaras a ver si alguien ahí dentro se preguntaba que hacíamos y salía a por nosotros. Y nada, todo igual.
Nos preguntamos entonces si quizás el control policial real no sería más adelante y éste estaría en obras. Decidimos pasar la cinta, continuando lanzando «Hola» al viento y avanzamos hasta casi llegar a la siguiente puerta, que vimos entonces que era la definitiva.

Cuándo estábamos a punto de cruzarla, aparecieron un par de hombres de seguridad del puerto, a los que nos dirigimos preguntándoles por la policía del control. Miraron en la cabina del control y nos respondieron qué en ese momento no estaban, pero que pasaramos, sin más. Ante nuestra cara de desconcierto, me preguntaron que de dónde era y al contestar que de Barcelona, me dijeron que perfecto, que «palante». Aún desconcertado, pregunté por mi novia, me preguntaron que de dónde era y al contestar que de Italia, me dijeron que lo mismo, que España e Italia somos hermanos y que pasaramos.

Justo al momento aparecieron, por fin, un par de policías por el control, y al hacerle una indicación yo, con el pasaporte en mano, de ir para allá me hicieron que no con la cabeza y me señalaron la puerta.

Así que finalmente, y después de más de una hora entre idas y venidas la pasamos. Sin control alguno, ya fuera de pasaporte o de equipaje, por parte de ninguna policía española. Ni nosotros dos, ni tampoco el otro chico marroquí imagino, ni probablemente cualquier otro pasajero si viajaba con nosotros. Y aunque el trayecto no sea el más transitado, me atrevo a decir que seguro que no fue ni la primera ni la segunda vez que algo así pasa.

Personalmente me molesta, y mucho, esta falta de profesionalidad porqué luego son éstos mismos los que no te dejan pasar segun qué tonterías en los controles, te alertan de lo cerca que tenemos a ISIS y el peligro que corremos, y en última y peor instancia, son los mismos que nos proporcionan las desagradables imágenes de la policía civil golpeando a inmigrantes en la valla de la frontera para que no la salten. Ni tanto ni tan poco, joder. Ni marcar paquete porra en mano ni un control policial de frontera vacío.

En fin, ya se dice que «Spain is different» y vaya si tiene razón el slogan. Por desgracia, pero mucha razón.

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