• en
  • es

Perdido en las montañas, perdido en la historia… Abyaneh

Uno de los pueblos que más nos acabó gustando de Irán fue, como suele pasar, uno del que no teníamos demasiada idea de que existiera al iniciar el viaje.

Aunque es bastante conocido últimamente a nivel internacional, a nosotros nos cogió un poco por sorpresa al llegar sin tener ningún tipo de expectativa. Encima, llegamos en pleno Nowruz, el año nuevo persa, por lo que sus calles estaban llenas a rebosar de locales Iraníes de vacaciones visitando Abyaneh.

 

    El pueblo de Abyaneh

Abyaneh es un pequeño pueblo que se encuentra en el centro del país a unos 40 km de la autopista que va desde Kashan a Isfahan, por lo que es muy fácil llegar a él.

Se encuentra entre el lateral y los pies de la montaña Karkas y es apasionante recorrer sus decenas de callejuelas, todas ellas sin asfaltar evidentemente, que te van llevando por pequeñas casas que el pueblo ha ido construyendo en los 2.500 años que tiene de vida.

Todas las casas y edificios del pueblo están construidos con arcilla y ladrillos de barro, y su color acaba siendo muy parecido al de las montañas que le rodean. Un color rojizo debido al óxido de hierro de esas tierras, por lo que acabas confundiendo la ciudad con la naturaleza del lugar.

Como todo pueblo y ciudad Iraní, tiene una mezquita Jameh. Esta se construyó hace más de 1.000 años y aunque es bastante pequeñita tiene mucho encanto, más aún por su bonito y detallado techo de madera.

El turismo en Irán está creciendo y el precio de las actividades turísticas también así que, aunque antes era gratuito, al llegar a la entrada del pueblo verás una barrera y si eres extranjero tendrás que pagar una entrada. Esta cuesta 100.000 Rs (2,5€) y viene con un librito con cortas explicaciones de las construcciones más importantes del pueblo y un mapa para que te ubiques bien.

 

    Tradiciones propias aún conservadas

Al encontrarse perdido en las montañas a muchos kilómetros de otros pueblos, hizo que este pueblo tuviera y haya mantenido un tipo de vestimenta muy diferente y un dialecto persa propio, que mantiene algunas características de la lengua del imperio Sasánida, el Pahlavi.

Las mujeres suelen ir vestidas con ropa y hijab mucho más colorido que en el resto del país, normalmente con un estampado de flores. Su hijab es un poco más largo y suele cubrir los hombros, espalda y pecho, y llevan una falda que les cubre hasta pasadas las rodillas. Por otro lado, los hombres suelen vestir unos pantalones muy muy anchos.

Aunque la presencia de diferentes mezquitas te harán pensar que sus habitantes son, como en gran parte del país, musulmanes, lo cierto es son más bien zoroastriano. Cuando se produjo la invasión árabe, muchos seguidores del Zoroastrismo se refugiaron en Abyaneh y con el tiempo uno puede ver que ni eso han perdido. Puedes ver sus orígenes religiosos en el mismo templo del fuego, que es el único edificio de todo el pueblo construido con piedras, y que seguramente encontrarás en tu camino por la ciudad ya que está en la calle principal.

A día de hoy, se estima que solo viven unas 150 personas en el pueblo, ya que gran parte de sus habitantes poco a poco han ido marchándose de su aldea para trabajar en grandes ciudades del país.

 

    La maravillosa naturaleza que le rodea

Abyaneh tiene mucho encanto, sí, pero buena parte de él proviene de la localización del mismo.

Este pueblo está rodeado por grandes montañas que hacen que veas el pueblo aun más pequeño de lo que es. Al sur de Abyaneh, hay una montaña con una fortificación Sasánida llamada Palahamoona, desde donde tendrás la mejor vista del pueblo que puedas desear. Estar en Abyaneh es muy bonito, pero verlo desde la distancia de esta antigua fortificación, increíble.

Si tienes tiempo y te gusta la naturaleza, deberías hacer algo de trekking por las montañas de la zona, que también te encantarán.

 

    Y ya de paso saca la cabeza por Natanz y Hanjan

Si vas a visitar Abyaneh de camino a Isfahan o Kashan, puedes aprovechar para pasar por este par de pueblos que se encuentran alrededor.

Natanz es bastante conocido por su bonita mezquita en el centro del pueblo, pero eso no fue lo que quedó más grabado en nuestro recuerdo sino el llamado ‘Natanz Old Bazaar’. Aunque te pueda parecer una tienda desde fuera, esta es una especie de museo de miniaturas todas ellas creadas a mano por el mismo hombre, que te muestran diferentes situaciones de la vida en la antigua Persia. Desde casas, bazares, juegos, medios de transporte, etc todos ellos creados con mucho detalle y cariño en varios años de trabajo.

En el caso de Hanjan, no es para nada conocido pero nosotros decidimos parar cuando pasando por delante, vimos una fortificación semidestruida en lo más alto de un precipicio. La fortificación está totalmente abierta y puedes ir de un lado a otro a tu antojo. Y la gente del pueblo, que no está nada acostumbrada a turistas locales o extranjeros, se te acercarán todos a preguntarte que qué haces allí, que si te has perdido en tu camino a Abyaneh y que si podéis haceros una foto para recordar ese momento.

 
En definitiva, cada vez es más la gente que en su ruta por el país incluye Abyaneh, y con razón. No será uno de esos sitios en el que te encuentres una mega construcción de una mezquita o algo parecido, pero es de esos pueblos que te enamoran desde el primer momento y te dejan con un gran recuerdo, no solo de lo que has visto sino por lo que has sentido.
 

Leave a Reply